El yo fanático

¿Qué es el yo fanático?
Es el conjunto de actitudes extremistas, violentas, partidistas, dominantes, intolerantes e irrespetuosas que se manifiestan en una persona cuando se identifica ciega y obsesivamente con una ideología, con una lucha o una congregación.
Aunque predomina en el campo religioso, también se manifiesta en muchos otros como el político, el racial, el ególatra, el nacionalista, el deportivo, etc. Se presenta de manera evidente o sutil, allí donde exista posibilidad de identificarse con una creencia. Está en el vegetariano que se torna intolerante y despectivo con el carnívoro así como en el padre que impone a sus hijos sus ideales y prejuicios en forma de dictadura.
Estudiando el fanatismo de ayer y hoy podemos contemplar las grandes injusticias, violaciones, matanzas y genocidios que el hombre enceguecido es capaz de realizar fundamentado en ideales bienintencionados.

Al profundizar en nuestro estudio descubriremos de qué manera estamos involucrados con el fanatismo, ya que este no es una particularidad de una religión, de un movimiento político, de una raza, de una época o región; sino, que es una tendencia de la psicología humana a la que somos propensos. Todos los seres humanos tenemos el yo fanático que despierta, se desarrolla y entra en actividad cuando nos identificamos obsesivamente con una creencia o causa colectiva.
Si sentimos interés por adquirir conocimientos filosóficos o espirituales es síntoma de que en nuestro interior ha despertado una sed de trascendencia. No obstante, si esta búsqueda solo nos lleva a identificamos frenéticamente con conceptos, luchas y congragaciones, terminaremos aumentando nuestro sueño y nos convertiremos en peores personas de las que éramos cuando no teníamos ningún conocimiento de tipo espiritual.

Características del yo fanático…
El yo fanático es como una enfermedad que se reconoce por sus síntomas dentro de los cuales podemos encontrar:
1. La tendencia a aceptar ciegamente creencias, normas de conducta e ideologías que no se han verificado en la experiencia personal y que se adoptan como verdaderas porque son estimadas como ciertas por un líder o congregación.
2. El convencimiento de que se posee la única verdad, el único camino, la única raza, el único partido, etc. y que todos los demás son errados, inferiores, malignos y engañosos.
3. La inclinación al conflicto y a manifestarse con gestos de violencia, intolerancia y repulsión hacia las personas que tienen otras predilecciones ideológicas y hábitos de vida.
4. El interés de reformar y convertir a otros, dedicándose a las luchas activistas y a buscar por las buenas o por las malas que los demás acepten y se acomoden al credo y actividad que se consideran correctos
5. La ingenuidad respecto de su propia condición, ya que el fanático no sabe que es fanático.

Dos tipos de fanatismo
En el campo del fanatismo es común encontrar dos exponentes muy bien definidos que debemos estudiar: El que predica y no aplica y el que es extremista en la aplicación. En el primer caso vemos la persona que se ha formado intelectualmente en relación a un credo, pero no ha trabajado sobre sí misma para verificar la realidad de lo que aprende y por lo tanto, no puede ser un ejemplo de los conceptos que promueve. Este tipo de fanático es el que habla del amor pero es egoísta, habla de la libertad pero vive lleno de condicionamientos, exige a otros cambios que él no hace, etc. Esta condición la comparten la mayoría de hombres que solo buscan seguridad y confort en congregaciones religiosas que tienen como único requisito es la adaptación y la fe ciega.
Por otro lado encontramos el fanatismo que surge del aferramiento estricto e irracional al cumplimiento de normas y preceptos ideológicos. Muchas personas ven las escrituras religiosas de su credo como una regla y no como una guía. Entonces el cumplimiento de conceptos y normas se torna más importante que la congruencia de las acciones en el campo de los hechos. Así, podemos ver como aplicando estrictamente sus mandamientos religiosos muchas personas actúan constantemente en contradicción al amor y a la sabiduría. Tratando de realizar el amor a través del odio, la armonía a través del caos, la unidad por medio de la división y la fraternidad a través de la guerra.
Los preceptos y mandamientos espirituales pueden ser de gran valor para orientar nuestra experiencia en la vida, pero también pueden ser perjudiciales cuando los establecemos como una norma radical que debe cumplirse sin sentido común ni discernimiento.
El régimen puede ser útil para mantener bajo control al hombre bárbaro e irracional. Pero, se convierte en un limitante para la persona que está preparada para recorrer el verdadero camino hacia el desarrollo de su propia conciencia.
Los grandes maestros de sabiduría siempre han entrado en conflicto con las comunidades religiosas de sus respectivas épocas, quienes obstinadas y aferradas a sus preceptos y tradiciones se cierran al entendimiento de una verdad superior.
Si tenemos en cuenta que la vida es relativa en sus valores y posibilidades, descubriremos que ningún precepto es lo suficientemente elástico y eficaz para garantizarnos la acción de justicia y sabiduría. Lo bueno, lo malo, útil, inútil, prioritario, secundario pueden variar según las condiciones del momento en que estamos viviendo y no podemos adaptarnos a esas variaciones utilizando preceptos rígidos, totalitarios y extremistas.
Cuando solo nos interesa ser estrictos con las exigencias de nuestro credo, ocupamos nuestra conciencia y energía en representar un ideal y no en descubrir y comprender lo que actualmente somos. Desarrollamos una falsa conciencia que nos lleva a sentir culpabilidad si nuestras acciones no encajan de forma estricta con los dogmas que establecimos como modelo.
Si utilizamos el criterio y el sentido común, entonces no solo aprenderemos a obedecer preceptos y mandamientos, sino que podremos entender el significado de su existencia y la sabiduría que encierran. Porque podemos obedecer los preceptos de una doctrina como no robar, no matar, no ser violento, no ser injusto, no tomar la mujer del otro, etc. Pero eso no quiere decir que comprendamos las motivaciones y efectos del robo, de la violencia, del deseo sexual y de las demás particularidades de la conducta humana. Por medio de un precepto se puede advertir a un niño acerca del peligro que hay en una toma de corriente, pero no se puede transmitir el entendimiento de la electricidad.
Estudiando todo esto descubrimos como los diversos tipos de fanatismo representan un obstáculo que debemos superar para poder obtener los verdaderos frutos de la sabiduría.

Las congregaciones
Cuando varias personas que comparten un mismo anhelo de despertar se agrupan para cooperar con un propósito común, se forma una fuerza que impulsa y alimenta a cada uno de sus integrantes. Sin embargo, cuando la unión se da de forma dictatorial, en sumisión a dogmas irracionales y autoritarios que se establecen por encima del sentido común y de la conciencia individual, entonces, solo alimenta una fuerza que enceguece a sus miembros en el fanatismo y los distancia de la posibilidad de evolucionar, de despertar y de acceder a la sabiduría. En este caso la unión de hombres forma un rebaño y no un grupo. Es muy diferente trabajar en grupo que pertenecer a un rebaño. En un rebaño todos siguen la dirección de la manada sin saber para donde va.
Cuando no tenemos sabiduría solemos acercarnos a grupos mayoritarios movidos por el convencimiento de que siguen el camino correcto simplemente por el hecho de que es aceptado y seguido por muchas personas.
Cuando la gente se agrupa tiende a enceguecerse, deja de usar su propia conciencia individual y comienza a pensar y a comportarse de acuerdo al patrón que rige a la colectividad.
Si nos asociamos y dejamos influenciar por personas que están dormidas en el convencimiento colectivo, se terminaran nublando todas las capacidades de nuestra conciencia como el discernimiento, el sentido común, el juicio crítico y las demás facultades que nos permiten acceder a la comprensión y al verdadero desarrollo interno de nuestro ser. Esta es la razón por la que una persona llega a cometer delitos, atrocidades e injusticias, apoyada en los ideales de una congregación, bajo el convencimiento de que está haciendo lo justo y correcto.
Las congregaciones ideológicas nos ofrecen orientación, seguridad, apoyo, respeto y sensación de integración. Sin embargo, estos beneficios no son gratuitos, ya que para obtenerlos tenemos que alinearnos con sus parámetros, leyes y dogmas incuestionables.
En el camino interior necesitamos mucha independencia, autonomía y libertad para poder indagar la naturaleza de la realidad y para llevar a cabo los experimentos necesarios para nuestro despertar. Solo tendremos esa libertad si aprendemos a respetar la de otros.
Si comprendemos que el trabajo interior es individual y que nadie puede hacerlo por nosotros, entonces aprenderemos a centrarnos en desarrollar nuestro objetivo y a no esperar de las congregaciones algo que no pueden darnos.