La familia y los apegos

Estudiar la familia desde la perspectiva del auto conocimiento es muy importante porque nos permite descubrir el trasfondo oculto que hay detrás de las relaciones, sentimientos, vínculos y conductas que tenemos con nuestros familiares.

La familia y el amor
Llamamos familiares al grupo de personas con las que compartimos un vínculo genealógico como los padres, hermanos, tíos, hijos, abuelos, primos, etc. A su lado crecemos, nos desarrollamos y con ellos solemos establecer una relación más íntima y cercana que con las demás personas. 
Dentro del círculo familiar nos sentimos cómodos, acogidos y seguros, porque con nuestros parientes cercanos intercambiamos un trato más cálido, respetuoso y preferencial del que tenemos con los desconocidos. 
Tal vez nunca nos hemos detenido a  cuestionar estos tratos y sentimientos y por eso solemos considerar que son expresiones de amor puro y legítimo. Sin embargo, si tenemos disposición de conocernos a sí mismos podremos descubrir que los afectos selectivos ocultan siempre un interés; están condicionados y por lo tanto se contradicen con la característica fundamental del verdadero amor. La incondicionalidad.
Cuando tratamos a las personas de forma preferencial es porque consciente o inconscientemente esperamos de ellas algún beneficio, ya sea material o sentimental. De nuestros familiares obtenemos apoyo, cariño, reconocimiento, tolerancia, seguridad, comodidad, protección, respaldo y otros beneficios que jamás recibiremos de parte de los extraños y desconocidos.
Los afectos al estar condicionados no se intercambian de forma pareja con todos los familiares, sino solamente con aquellos que amenizan con nuestro ego y nos son productivos de alguna manera.
Aquello que calificamos como amor es muchas veces la necesidad disfrazada y por eso sentimos que más amamos a nuestros familiares cuando más los necesitamos. Cuando estamos solos, en problemas, enfermos, sin dinero, etc. Más cuando pasamos por épocas de abundancia y bienestar tendemos a olvidarnos de ellos. Cuando los parientes envejecen frecuentemente son relegados o abandonados porque dejan de ser productivos y se convierten en una carga para sus familiares.
Al estudiar este tema no pretendemos negar la importancia de la familia, sino señalar valores condicionantes que frecuentamos y la posibilidad de trabajarlos para acceder a otros superiores. Si nos auto observamos en nuestras relaciones de familia podremos descubrir que muchos afectos, gestos y comportamientos tienen su lado oscuro y por lo tanto originan sufrimiento y conflicto en nuestra vida. 

Los apegos
El apego es el aferramiento y la obsesión por conservar algo que se ha vuelto esencial e indispensable para nuestro bienestar. Con frecuencia desarrollamos este sentimiento hacia nuestros familiares, ya que solo de ellos recibimos ciertos beneficios afectivos y un trato preferencial que jamás obtendremos de los desconocidos. Experimentamos terror hacia la idea de perder a nuestros familiares y de alejarnos de ellos porque sabemos que de todas las demás personas solo podemos esperar ser tratados como desconocidos o extraños.
Extraña es la persona que nada nos ofrece, hacia la que sentimos desconfianza y total desinterés. Como el extraño no nos importa no experimentamos sensibilidad ni remordimiento al ser violentos, injustos, corruptos e indiferentes con ellos.
El mercader, el abusador y el ladrón primeramente se aprovecharán de los extraños, antes de hacerlo con sus familiares. Sabemos que el mundo fuera del círculo familiar es frío y peligroso y que al convertirnos en extraños nadie se interesará por nuestra suerte y peor aún, muchos tratarán de aprovecharse de nosotros. 
Por eso desarrollamos el apego que es un sentimiento que también confundimos con el amor. Porque creemos que amamos a aquellos hacia los que estamos apegados.
El apego no es amor, porque de él surgen comportamientos que hacen conflictivas las relaciones como la sobreprotección, la dependencia, la manipulación, los celos, la posesividad, la obsesión, entre otros.
El apego corta las alas de la libertad y suele convertirse en un gran obstáculo para acceder al conocimiento del amor y para recorrer el camino del despertar de la conciencia.
El amor nos invita a traspasar las fronteras de nuestro círculo familiar y a cumplir nuestro servicio existencial sin estar sujetos por las preferencias selectivas, por las recompensas, reconocimientos y retribuciones. No podremos ser instrumentos del amor mientras no tengamos el valor de amar incondicionalmente a aquellos que nos tratan como extraños.
Nuestro proceso de evolución espiritual puede llamarnos a actuar en lugares distantes de nuestros familiares y entonces podremos estancarnos si motivados por los apegos nos negamos a emprender el vuelo.
Muchas personas abandonan el camino del despertar cuando sus familiares se oponen a los caminos revolucionarios del conocimiento interior. Ocurre que cuando dejamos de seguir los lineamientos y las expectativas que tienen nuestros familiares chocamos con ellos y entonces sentimos el impulso de retroceder por temor de perder el afecto, apoyo y demás privilegios hacia los cuales hemos desarrollado apego.
Es muy importante estudiar los apegos para superar todas sus manifestaciones y poder trascender todas las dependencias que obstruyen el amor y la libertad que necesitamos para recorrer el camino revolucionario del despertar.

La familia que nos corresponde
La familia cumple un gran papel en nuestra vida ya que de nuestros padres obtenemos los principios y valores primarios que han de convertirse en el fundamento y base de nuestra persona. Ya sea por medio del ejemplo, del precepto y también por la herencia somos propensos a desarrollar los defectos, hábitos y virtudes que están más marcados en nuestros progenitores.
Siendo que nos convertimos en la extensión de nuestra familia para nuestra fortuna o desgracia, conviene preguntarnos por qué motivo hemos de nacer precisamente en una particular y no en otra. Teniendo en cuenta que en el mundo existen miles de familias que difieren en su nivel económico, educativo, de desarrollo espiritual, de amor, de sabiduría, de degeneramiento, etc.
El advenimiento a la vida en una familia determinada no ocurre por suerte, azar o casualidad, sino por efecto que tienen las leyes de la naturaleza en nuestras relaciones. Nuestra reaparición en el escenario de la vida está sujeto a la intervención de varias leyes que actúan conjuntamente como la ley del retorno, de recurrencia, del karma, de afinidades, entre otras. Con nuestros actos pasados pusimos en actividad las leyes que nos trajeron al mundo en nuestra actual familia y por lo tanto esta es un reflejo de la condición interior que nosotros mismos cultivamos. Nacemos en una familia que tiene características psicológicas, valores y niveles de ser próximos a los nuestros. 
Lógicamente no podemos generalizar ni emitir conclusiones arbitrarias para definir la causa exacta de todos los casos familiares. Porque son varias las leyes que intervienen en estos procesos y también pueden ser distintos los propósitos por los cuales se retorna en medio de una familia particular. No obstante, lo que nos importa saber es que las herramientas del auto conocimiento nos permiten determinar y comprender las causas y razones ocultas de nuestro caso particular así como también el trabajo que tenemos por delante en relación al mismo. Cuando entendemos todo esto podemos empezar a contemplar nuestras relaciones de familia como una oportunidad para conocernos a sí mismos y descubrir en nuestro interior aquellos aspectos sobre los que tenemos que trabajar en la actual existencia.