Miscelánea

¿Qué debemos ser, cómo debemos ser?
Para conocerse a sí mismo no es necesario amoldar la conducta a una forma particular de ser, adoptar comportamientos aparentes o a acercarse a modelos de virtud.
Imitar prototipos y conductas prefabricadas solo conduce a hacer más profundo el sueño de la conciencia. 
Esconder los defectos e ignorancia en bellos disfraces solo lleva al individuo a engañarse a sí mismo.
El objetivo del auto conocimiento no es descubrir como debemos ser, sino indagar porque somos y actuamos de la manera como habitualmente lo hacemos.
La intención de representar modelos o ideales ocupa la atención, fortalece el yo y nos impide acceder a los descubrimientos que generan comprensión. 
Los cambios producidos por la representación de ideales son superficiales, falsos y de corta duración.

¿Qué es lo que debemos saber?
Un despierto dijo en una ocasión:
“El sabio no sabe muchas cosas, el que sabe muchas cosas no es un sabio”.La inquietud interior no se disipa buscando la respuesta a incógnitas in necesarias.
La obsesión por acumular respuestas llena la mente de preguntas que el presente no está formulando. Es más ligero quién pasa por ignorante al desconocer aquello que no es esencial, que aquel que se considera sabio por conocerlo.
El vacío interior es más eficiente que el condicionamiento intelectual para percibir los problemas reales del momento y para abordarlos de la mejor manera.
Es más fácil ser sabio con la lengua que con las manos. Como los comentaristas de fútbol que hablan con autoridad sobre el tema, pero no saben jugar.
Al acumular información podemos llenarnos de apreciaciones convincentes, teorías y definiciones que solo nos hacen eficientes para los debates y para alimentar la presunción de creer saber.
Las grandes lecciones de la sabiduría están contenidas en pequeños párrafos que pueden leerse en fracciones de minuto pero puede tomarnos vidas enteras llegar a comprenderlas.

La muerte... Una característica de la vida
La muerte no es solamente eso que nos ocurre cuando el cuerpo fallece. Es un principio fundamental de la existencia que afecta a todas las cosas de momento en momento. Podemos contemplarla en la transformación constante e irreversible a la que están sujetos todos los seres, objetos, condiciones y fenómenos que existen en la creación. La muerte es el cambio que afecta y modifica la naturaleza de todas las cosas, haciéndolas in permanentes.
La muerte es la que produce el fluir y movimiento constante de la vida. Es por su acción que la vida siempre marcha hacia adelante sin detenerse o estancarse. Por eso no podemos separar la vida de la muerte, porque ambas son un mismo fenómeno como una moneda de dos caras. Así como en este instante estamos viviendo, también estamos muriendo. Por eso podemos decir que la muerte es una característica de la vida. Si en nuestros fundamentos existenciales no están contemplados estos principios, nuestro desenvolvimiento no será sabio, recto ni acorde a la realidad. Porque para saber vivir hay que saber morir.
Todo está muriendo y renovándose segundo tras segundo sin dar marcha atrás. El hombre de conocimiento no solo debe aprender a desapegarse y a trascender lo que ya murió, sino que debe  navegar sabiamente en las aguas de la vida. La enseñanza trascendente nos ofrece las herramientas para conocer el curso de los cambios, porque estos no ocurren a la deriva ni anárquicamente, sino de acuerdo con las leyes que rigen el universo. Porque “Todo cambia menos las leyes que producen los cambios”.
Al estudiar la muerte descubrimos que no poseemos nada de esta vida, porque ni siquiera nuestro cuerpo físico nos pertenece.
En algún momento tendremos que devolver a la naturaleza los elementos que nos prestó en los que actualmente nos desenvolvemos. Entonces, con su descomposición quedarán disponibles para integrarse en la forma de una nueva creación, ya sea de una planta, un animal o cualquier otra cosa. Porque todo lo que se integra en un cuerpo está hecho de la misma materia prima en calidad de préstamo. De ahí el principio que dice “polvo eres y en polvo te convertirás”.
Contemplar la realidad de la muerte física es muy importante, porque nos permite darnos cuenta que no sabemos si hoy, mañana o pasado será el último día de nuestra actual existencia. Este estudio nos enseña que la vejez, el decaimiento, la perdida de la vitalidad, la enfermedad y la muerte son parte innegable de la vida. Si lo comprendemos estableceremos una base para aprovechar el tiempo, la vitalidad y la salud que aún tenemos para ser diligentes en la realización de lo trascendente.