La observación interior

La observación y la sabiduría
La observación es la capacidad que tenemos de percibir objetos y fenómenos por medio del sentido de la vista. Sin embargo, en la enseñanza del auto conocimiento la observación adquiere una connotación y alcance mucho más profundos. ¡Es la herramienta del sabio! Por medio de la observación podemos acceder al descubrimiento, entendimiento y toma de conciencia de todos los fenómenos que componen la vida. No obstante; si todos los hombres pueden observar… ¿Entonces, por qué no todos son sabios? ¡Porque teniendo ojos no vemos!
Nuestras observaciones dejan de traernos sabiduría cuando percibimos las cosas a través de prejuicios, creencias acumuladas y condicionamientos. Por eso para que la observación sea reveladora debemos conocer 
los obstáculos de la observación, lo que favorece la observación y lo que confundimos con observación.

La observación y el cambio
Comprenderemos la importancia de la observación si estudiamos el papel que desempeña en el proceso de despertar, de liberación, de iluminación y de cambio.
Generalmente se nos ha enseñado a acercarnos al cambio a través de los preceptos, la obediencia y las restricciones. Por esto ignoramos que la trasformación verdadera y autónoma ha de comenzar con una acción receptiva de observar.
La observación es el punto de partida para descubrir y entender los procesos defectuosos o contradictorios que intervienen en cualquier fenómeno.
Al observarnos a sí mismos, podemos descubrir nuestros errores, generando así un impacto en la conciencia que nos motiva al cambio.
El arrepentimiento sincero solo surge en aquel que después de observarse se da cuenta del error e ilusión que hay en una conducta que estimaba correcta y verdadera.
Observando nuestros fundamentos existenciales podemos re descubrir la realidad, con lo que provocamos una transformación en nuestros puntos de vista, así como también en las predilecciones y actos que derivan de ellos.
Solo el necio se sostiene en una conducta, hábito o creencia que después de haberla observado descubre como contradictoria, ilusoria, problemática y causante de limitación y sufrimiento.
Lógicamente, la observación solo adquiere poder transformador en quien está dispuesto a ver, así lo que descubra no sea agradable. Ya que observándonos podemos percibir defectos de carácter que no sospechábamos tener. Descubrir el vínculo que hay entre nuestros sufrimientos y placeres o notar la ilusión que hay en nuestros fundamentos existenciales.
Todo descubrimiento trae consigo la responsabilidad de emprender un cambio, de abandonar costumbres y en general, de trabajar sobre sí mismos.
La mayoría de personas no está dispuesta a asumir las implicaciones del cambio y de la evolución y por lo tanto tampoco están dispuestas para ver. Ignorar el error es la mejor escapatoria cuando no se está en disposición de cambiarlo. Por eso el que no quiere cambiar ni despertar tampoco quiere ver.
El conocimiento del despertar ha estado junto al hombre desde hace milenios y no obstante la elección de la mayoría ha sido seguir durmiendo.
El que quiere despertar y cambiar debe estar abierto a aceptar nuevas percepciones así sean crudas y desagradables.

La observación interior y sus obstáculos
La realidad siendo una, se presenta a nuestra percepción dividida en dos campos. El exterior y el interior.
Así como en el mundo externo existen objetos y fenómenos que podemos percibir, estudiar y comprender por medio del sentido de la vista, también los hay en el mundo interno; solo que estos son imperceptibles para los cinco sentidos.
Para conocer el universo interior necesitamos poner en actividad y llevar a su pleno desarrollo el sentido de extra percepción conocido como auto-observación. Sin embargo, para que la percepción tenga lugar no solo es indispensable contar con los sentidos y establecer un contacto con los fenómenos. También es necesario que exista receptividad y participación de la atención consciente.
Aunque en nuestro diario vivir observamos muchas cosas, muy pocas ingresan al campo de nuestra conciencia porque generalmente nuestra atención se encuentra ocupada atendiendo las operaciones psicológicas de los diversos egos. Nuestros ojos pueden posarse sobre muchas cosas, pero estas pasaran inadvertidas para nosotros si por estar distraídos y ocupados no permitimos que las impresiones ingresen y toquen nuestra conciencia.
Cuando estamos inatentos podemos leer toda la página de un libro y darnos cuenta al final que no entendimos ni recordamos nada de lo leído. Podemos pasar inadvertida a una persona que nos saluda frente a nuestros ojos o escuchar las palabras de quien nos habla sin captar nada de lo que está diciendo.
Sucede que la atención está condicionada por el interés y por eso si algo no nos interesa se torna invisible para nosotros.
Nuestra capacidad de descubrir y entender se limita a los intereses de los diversos yoes que condicionan nuestra atención de tal forma que nos volvemos ciegos para todo lo demás.
Muy pocos hombres poseen filosofía (amor a la sabiduría) y por esa razón convivimos e interactuamos una y otra vez con los fenómenos de la vida y de la muerte sin captarlos ni comprenderlos. Nos mantenemos distantes de la sabiduría porque el entendimiento de la vida no hace parte del interés de ninguno de nuestros egos.
De la misma forma que la ley de la gravedad nunca hubiera sido descubierta si alguien no le hubiera prestado atención, la sabiduría de la vida nunca será descubierta si no hay quien sea receptivo y abierto a entender sus diversos fenómenos y particularidades.
Esta problemática se extiende a lo interno y por eso no podemos ver los diversos egos que nos abordan repetidamente porque al tener la atención condicionada por otros intereses no tenemos la disposición que se requiere para observarlos. Esta es una de las razones por las cuales cargamos durante toda nuestra vida con defectos, condicionamientos, traumas y prejuicios que ni siquiera sabemos que existen en nuestro interior.
Diferenciar pensamiento de observación
Observación y pensamiento son dos actividades en las que se manifiesta la atención de un modo diferente. Ambas son fuentes de información y estados del ser que debemos estudiar, conocer y diferenciar.
Con la observación la atención se manifiesta en estado receptivo y por eso nos faculta para descubrir. Cuando entramos en contacto con algo nuevo tenemos que observarlo atentamente para entenderlo y conocerlo. No podemos utilizar el conocimiento acumulado para descubrir y comprender lo nuevo. Por eso podemos decir que la observación nos permite ingresar a la esfera de lo desconocido.
El pensamiento no es receptivo sino emisor. Reproduce la información que hemos registrado en el pasado. Cuando percibimos haciendo uso del pensamiento asociamos las cosas con las ideas, valores y emociones que hemos acumulado de experiencias pasadas. El pensamiento reconoce e interpreta pero no descubre. Por eso podemos decir que su actividad pertenece a la esfera de lo conocido.
El pensamiento y la observación son estados de atención que pertenecen a esferas opuestas. Con la observación somos receptores de lo desconocido y con el pensamiento emisores de lo conocido.
Cuando la atención se sumerge en la reproducción incesante de lo acumulado, se duerme y vuelve incapaz de percibir y descubrir lo nuevo. Este estado es conocido como “sueño de la conciencia”.
En cambio, si la atención se manifiesta receptiva a través de la observación puede descubrir y captar lo nuevo, entrar en contacto con la verdad y acceder a las comprensiones que producen el despertar de la conciencia. Por eso todos los grandes sabios y maestros de la sabiduría enseñaban la importancia de recuperar el estado de atención receptiva y de observación.
En nuestro desenvolvimiento le damos mucha importancia al pensamiento porque lo utilizamos como fuente principal de información. Nos encerramos en nuestras acumulaciones conceptuales sin darnos cuenta que al hacerlo dejamos de observar y de acceder al contacto con lo nuevo. Tal encierro es el origen de una gran ilusión porque al asociar las cosas con nuestros conceptos damos por sentado que ya las conocemos y por eso no las observamos.
Podemos reconocer que un pájaro está cantando pero eso no quiere decir que le estemos prestando atención.
Podemos reconocer objetos, personas y lugares pero eso no quiere decir que los estemos observando.
Podemos reconocer que estamos identificados con un ego de lujuria, envidia o pereza pero eso no quiere decir que lo estemos observando.
Solemos pensar que estamos observando algo cuando en realidad lo estamos reconociendo o asociando a las clasificaciones del pensamiento.
Al afirmarnos ciegamente en los conceptos del pensamiento invalidamos nuestras observaciones con nuestras creencias.
Para que haya observación y descubrimiento en el mundo exterior debemos prestar atención para ver, escuchar, palpar, gustar y oler como si fuera la primera vez.
Para que haya observación y descubrimiento en el mundo interior debemos prestar atención para percibir nuestros estados psicológicos, sus cualidades, causas y efectos como si fuera la primera vez.

Estudiarse a sí mismo
Estudiar es abrirse a lo desconocido para que la observación lleve a la conciencia nuevas revelaciones. Si nuestras observaciones son superficiales, también lo son nuestras comprensiones. Cuando nos hacemos una idea de algo creemos que lo conocemos por completo y entonces nos cerramos a indagaciones más profundas. Así, podemos saber qué es el cuerpo humano, pero no tener la misma comprensión del médico que lo ha estudiado.
Si queremos conocernos a sí mismos debemos descubrir que hay más allá de lo que damos por conocido, teniendo en cuenta que no sabemos qué es lo que ignoramos. No sabemos que vamos a descubrir y por eso debemos estar abiertos en todas direcciones esperando la llegada de lo desconocido.
Si queremos conocernos debemos observar atentamente todo cuanto hacemos, decimos, hablamos, pensamos y sentimos sin que haya intervención del pensamiento con sus operaciones. Esto es ser y observar.
Observar atentamente todas nuestras respuestas, impulsos, temores, deseos, intereses, omisiones, etc.
Observar atentamente las causas de nuestros estados psicológicos y acciones, así como también sus respectivos efectos.
Observar atentamente las relaciones con personas, ambientes y situaciones, así como también los procesos psicológicos que se mueven detrás de ellas.
Debemos abrir las puertas que mantienen encerrada nuestra conciencia y permitir el paso de aquello que está fuera de nuestro conocimiento.



click en la imagen para ampliar